La medida: perdoname como yo perdono

Y termina Jesús diciendo: lo mismo hará Dios con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano.  ¿Y que es hacer lo mismo? darnos de nuestra propia medicina. Medirnos con el mismo metro con que medimos a los demás. Y es que nuestra tendencia es a tener dos medidas: una con la que me mido yo y obtengo el perdón y otra medida con la que mido a los demás y soy implacable. Lo que hago yo me parece normal, lo que hacen los demás me parece terrible. Lo que propone Jesús es lo contrario, pensar que a mi me han perdonado lo terrible, luego lo coherente, es que yo vea como pequeño el mal que me hizo la otra persona y la perdone. Si me perdonaron 10 mil talentos, yo te perdono 100 pesos. Si uno se acordara de los graves pecados que le han perdonado, sería más misericordioso con los defectos y faltas de las otras personas: ¿quién soy yo para juzgarte? La única medida posible es la misericordia infinita de Dios.

el incomodo profeta piensa como Dios no como los hombres

Estas situaciones dramáticas que vivimos, nos están enseñando a dejar de pensar en ganar el mundo, que se nos desvaneció de un momento a otro; para pensar como profetas que toman la cruz y siguen a Jesús. Meditar diariamente la palabra de Dios, nos ayuda a mantener valientemente el testimonio de nuestra fe, soportando las incomprensiones de quienes se resisten a que la luz de Jesús los haga salir de la oscuridad en que insisten en permanecer. En el lugar donde estemos hoy, se necesita que seamos luz, profetas de Dios.

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