sermón domingo 11de octubre2020

 

Para de estar distraído por lo externo a la Vida interior

(Domingo 11 de octubre 2020. Mateo 22, 1-14)

Esta semana vi en Netflix una película que se llama “cuarto de guerra”. Una mujer joven que, vive preocupada por resolver los asuntos de su trabajo, y en permanente peleas con su esposo; pone en práctica el consejo que le da una mujer de más de 80 años de edad. Le funciono. Desocupo un cuarto lleno de ropa y muchas cosas; y vacío el cuarto, se metió la mujer en ese cuarto con una biblia; y leyendo la palabra de Dios, aprendió a librar sus guerras interiores. Por eso, se llama cuarto de guerra. Con el tiempo, la mujer encontraba muchos momentos para orar y encontrar en entrar en comunión con Dios, la fuente de la victoria en todas sus batallas.

¿Pero que nos ha sucedido tantas veces, cuando decimos que vamos a hacer un momento de oración? Que nos sentamos, respiramos tranquilamente, alistamos el libro de oración, miramos una imagen religiosa. Y de pronto algo nos distrae: una llamada suena en el celular, o suena un mensaje en wasap; o alguien nos necesita y nos toca levantarnos y atender a esa persona. O nos acordamos de un asunto urgente y lo resolvemos primero. Y así se puede pasar el día, ocupados en tantas cosas, cuando solamente una es necesaria: escuchar a Jesús.

Es muy parecido, a lo que hicieron aquellas personas a quienes Dios invito a comer: tenían cosas más importantes, urgentes que hacer; y por eso, no aceptaron la invitación. También nos sucede a nosotros, somos invitados a la misa del domingo, y no venimos porque me llego una visita, porque tenía mucho oficio, porque me puse a hacer cosas del trabajo.

Una vez más, Dios nos ha invitado a su mesa, y aquí estamos, tuvimos que dejar tantas cosas importantes y urgentes, para venir a escuchar las palabras de Jesús. Es nuestra forma de vivir ese principio universal de la vida espiritual: dejar de vivir distraídos por las cosas exteriores, para quedarnos en casa, y en nuestro interior, aceptando la invitación a entrar en comunión con Dios.

Cuando aceptamos quedarnos en casa, en nuestro interior, los momentos de oración se viven como un paraíso, porque silenciamos tantas preocupaciones, al contemplar la presencia de Jesús, que nos dice no tengas miedo, yo estoy contigo. Entonces, llenos de la paz interior que, Dios nos da en la oración, enfrentamos con serenidad los afanes de este mundo; que nos son nada comparados con la gloria a la que Dios nos está llamando. Por eso, la persona orante desea volver una y otra vez a la oración, y ya no permite que nada importante o urgente se lo impida.

Hoy Dios ha salido a los cruces de los caminos, a nuestras calles llenas de personas buscando la clave de la felicidad en llenarse de cosas externas, En Jesús, ha venido Dios en persona a invitarnos a entrar en comunión con el Señor. Para aceptar la invitación será necesario, amar a Dios por encima de tantas cosas importantes, interesantes, divertidas, y decidir disfrutar la compañía de Dios, mientras cenamos con Jesús en cada eucaristía, en cada momento de oración o reflexión de la palabra de Dios.

Aceptemos ahora la invitación de Dios a pasar al banquete del altar. Comamos el mejor de los alimentos, a Jesús que se ofrece en el pan y vino. Y permanezcamos en el amor de Dios, que llena de paz y sensatez nuestra vida de cada día.

 

La medida: perdoname como yo perdono

Y termina Jesús diciendo: lo mismo hará Dios con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano.  ¿Y que es hacer lo mismo? darnos de nuestra propia medicina. Medirnos con el mismo metro con que medimos a los demás. Y es que nuestra tendencia es a tener dos medidas: una con la que me mido yo y obtengo el perdón y otra medida con la que mido a los demás y soy implacable. Lo que hago yo me parece normal, lo que hacen los demás me parece terrible. Lo que propone Jesús es lo contrario, pensar que a mi me han perdonado lo terrible, luego lo coherente, es que yo vea como pequeño el mal que me hizo la otra persona y la perdone. Si me perdonaron 10 mil talentos, yo te perdono 100 pesos. Si uno se acordara de los graves pecados que le han perdonado, sería más misericordioso con los defectos y faltas de las otras personas: ¿quién soy yo para juzgarte? La única medida posible es la misericordia infinita de Dios.

el incomodo profeta piensa como Dios no como los hombres

Estas situaciones dramáticas que vivimos, nos están enseñando a dejar de pensar en ganar el mundo, que se nos desvaneció de un momento a otro; para pensar como profetas que toman la cruz y siguen a Jesús. Meditar diariamente la palabra de Dios, nos ayuda a mantener valientemente el testimonio de nuestra fe, soportando las incomprensiones de quienes se resisten a que la luz de Jesús los haga salir de la oscuridad en que insisten en permanecer. En el lugar donde estemos hoy, se necesita que seamos luz, profetas de Dios.

Mateo 16, 13 - 20 ¡Quién es Jesús para ti?

Ya hablamos de quien es don chucho para Peter, de lo que es Jesús para Pedro. Ahora hablemos de lo que Jesús es para ti. Piensa antes de responder: Tu respuesta desde donde la vas a dar ¿acaso responderás como la gente que conoce unos o muchos datos sobre Jesús? ¿o puedes responder desde tu día a día con Jesús? 

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