sermón domingo 13 de septiembre 2020

 

La medida perdóname como yo perdono

En una empresa, el gerente llama a un empleado para decirle: mire en el informe sobre su desempeño hay faltas tan graves que dan para despedirlo. Empleado le suplica que le dé una oportunidad y se podrá al día con todos sus deberes. Por favor se lo suplico tengo una familia que mantener. El jefe le da la oportunidad. El empleado se va a su escritorio, después de semejante salvada.  Y pide a la señora de los tintos que le traiga uno. El tinto estaba frio, y este señor le arma semejante problema y la hace despedir del trabajo. Los compañeros de oficina le comentan al jefe, quien llama al empleado y le dice: yo te tuve paciencia, a pesar de tus graves errores, tu deberías haber hecho lo mismo con la señora de los tintos: ahora te voy a medir con tu propia medida: quedas despedido.

Y termina Jesús diciendo: lo mismo hará Dios con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano.  ¿Y que es hacer lo mismo? darnos de nuestra propia medicina. Medirnos con el mismo metro con que medimos a los demás. Y es que nuestra tendencia es a tener dos medidas: una con la que me mido yo y obtengo el perdón y otra medida con la que mido a los demás y soy implacable. Lo que hago yo me parece normal, lo que hacen los demás me parece terrible. Lo que propone Jesús es lo contrario, pensar que a mi me han perdonado lo terrible, luego lo coherente, es que yo vea como pequeño el mal que me hizo la otra persona y la perdone. Si me perdonaron 10 mil talentos, yo te perdono 100 pesos. Si uno se acordara de los graves pecados que le han perdonado, sería más misericordioso con los defectos y faltas de las otras personas: ¿quién soy yo para juzgarte? La única medida posible es la misericordia infinita de Dios.

Esta parábola es una denuncia social. Para poder afrontar todo este tema de la pandemia, los países más pobres han tenido que endeudarse, aún más, con los grandes reyes financieros del mundo. Esto ha aumentado la deuda externa de estos países pobres, que ya no tiene con que pagar. La Iglesia ha propuesto que se perdone esa deuda impagable. Deuda de la que pagamos los intereses, mientras somos vendidos como esclavos de las condiciones impuestas por un sistema económico internacional. Pero eso mismo vuelve y se repite a nivel nacional. Cuantas personas hoy se sienten endeudadas, pidiendo a los que les cobran: ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. Quisiéramos no deberle a nadie, pero tampoco tenemos con que pagar.

Es muy significativo que la palabra deuda se utilice para referirse a las ofensas que me ha hecho la otra persona; y entonces digamos el que me la hace me la paga. Para expresar nuestro resentimiento y deseos de venganza. Y si son millones las personas que piensan así, somos nosotros los que imponemos esta medida con la que luego somos medidos. Si le cobramos a los demás las ofensas, los demás nos la cobran a nosotros las ofensas.

En la oración del padre nuestro le proponemos a Dios otra medida: perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Hagamos consciente lo que le estamos pidiendo a Dios, en esta oración: Dios mídeme con la misma media que mido a los demás. Para que esa petición salga a nuestro favor, dejemos de poner la clave en la ofensa, y aspiremos más alto, pongamos la clave en ser santos como Dios es santo. Ser misericordiosos, como Dios es misericordioso. Y para que no tengamos que andar preguntando: ¿Señor cuantas veces debo perdonar a quien me ofende? Preguntémonos ¿Cuántas veces quiero yo que Dios me perdone cuando lo ofendo? Las respuestas a ambas preguntas es la misma: siempre.

La medida: perdoname como yo perdono

Y termina Jesús diciendo: lo mismo hará Dios con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano.  ¿Y que es hacer lo mismo? darnos de nuestra propia medicina. Medirnos con el mismo metro con que medimos a los demás. Y es que nuestra tendencia es a tener dos medidas: una con la que me mido yo y obtengo el perdón y otra medida con la que mido a los demás y soy implacable. Lo que hago yo me parece normal, lo que hacen los demás me parece terrible. Lo que propone Jesús es lo contrario, pensar que a mi me han perdonado lo terrible, luego lo coherente, es que yo vea como pequeño el mal que me hizo la otra persona y la perdone. Si me perdonaron 10 mil talentos, yo te perdono 100 pesos. Si uno se acordara de los graves pecados que le han perdonado, sería más misericordioso con los defectos y faltas de las otras personas: ¿quién soy yo para juzgarte? La única medida posible es la misericordia infinita de Dios.

el incomodo profeta piensa como Dios no como los hombres

Estas situaciones dramáticas que vivimos, nos están enseñando a dejar de pensar en ganar el mundo, que se nos desvaneció de un momento a otro; para pensar como profetas que toman la cruz y siguen a Jesús. Meditar diariamente la palabra de Dios, nos ayuda a mantener valientemente el testimonio de nuestra fe, soportando las incomprensiones de quienes se resisten a que la luz de Jesús los haga salir de la oscuridad en que insisten en permanecer. En el lugar donde estemos hoy, se necesita que seamos luz, profetas de Dios.

Mateo 16, 13 - 20 ¡Quién es Jesús para ti?

Ya hablamos de quien es don chucho para Peter, de lo que es Jesús para Pedro. Ahora hablemos de lo que Jesús es para ti. Piensa antes de responder: Tu respuesta desde donde la vas a dar ¿acaso responderás como la gente que conoce unos o muchos datos sobre Jesús? ¿o puedes responder desde tu día a día con Jesús? 

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