sermón domingo 22 noviembre 2020

 

¿y cuando te vi necesitado de una obra de misericordia mía?

Es la pregunta que hacen tanto los que no practicaron, como los que si practicaron las obras de misericordia, cada vez que una persona lo necesito.

Los que se ganaron en cielo, no se dieron cuenta ¿a qué hora? Por eso le preguntan a Jesús: ¿Cuándo entramos en comunión con Jesús? ¿Cuándo fuimos misericordiosos con Jesús? ¿Cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer? Y entonces viene la sorpresiva respuesta de Jesús: cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.

Y me surge otra pregunta: y si no se dieron cuenta que Jesús está en quien necesita que yo ponga por obra la misericordia, ¿por qué estás benditas personas visitaron al enfermo, a vistieron al que necesitaba ropa?

Y vamos a atrevernos a dar una respuesta desde hoy:  las actuales circunstancias que vivimos, también pueden hacer salir de adentro de nosotros, lo mejor que tenemos como seres humanos.

Jesús sintió dentro de su cuerpo, el sufrimiento del enfermo y eso lo impulso a obrar la sanación de ese enfermo. Jesús sintió en su estomago el hambre de esas otras personas y eso lo impulso a multiplicar los panes, para que comieran y se llenarán la barriga. Jesús sintió dentro de su cabeza, el drama de la persona que se siente trastornada con sus pensamientos, y obro la liberación del endemoniado.

Decía un teólogo: nadie tan humano como Dios. En Jesús reinaba Dios, por eso, Jesús sentía en su sagrado corazón, el sufrimiento del que era esclava la otra persona, y en nombre de Dios la liberaba. Que Jesús reine en mí, hoy, significa, que hoy yo tenga las mismas entrañas de misericordia de Dios. Que al igual que a Jesús, a mí se me salga de adentro obrar la misericordia contigo. Oremos todos los días pidiendo a Jesús: para que tu reines en mí, dame Jesús un corazón semejante al tuyo.

Obras son amores y no buenas razones. La obra de misericordia, hace que el amor sea más que un sentimiento, más que un bonito discurso. La obra de misericordia, libera a la otra persona de su necesidad material o espiritual; y para mi es la ocasión de dejar salir lo mejor de mí como ser humano.

¿A qué hora me gane el cielo? Cuando ante la necesidad que tenía la otra persona de tu misericordia, dejaste salir de ti, lo mejor de ti.  Y lo mejor de un ser humano, es ser tan misericordiosos como Dios.

Pero a esta poderosa razón espiritual de ser tan misericordiosos como Dios, se suma una más profunda, propia de quienes buscan a toda hora tener un encuentro personal con Jesús. Y es que cada vez que dejas salir de ti lo mejor que tienes como ser humano, es con el mismo Jesús con quien obras la misericordia. En la persona del que necesitaba hoy tu misericordia, hoy entras en comunión con Dios. Y es bueno que entendamos una cosa, la misericordia es más que dar cosas a las personas que lo necesitan, Jesús se dio a sí mismo, en la cruz. Y su intención es más que la de suplir mi necesidad, Jesús quiere que nos sintamos amados personalmente por él. Cuando una persona vive profundamente esta espiritualidad de reconocer la presencia de Jesús en la otra persona, podemos decir que, Jesús reina en esa persona, que tiene hacia otras las personas, las mismas obras de misericordia de Jesús.

cumplo la norma para expresarte mi amor

Fácilmente podemos sentirnos sumergidos en un mar de normas, que hay que cumplir en todos los aspectos de la vida. Normas de bioseguridad, normas para los carros, normas para el comercio. Normas de trabajo. Y cada día surgen más normas para regular la vida de la sociedad y hay que estar pendientes de conocerlas, de aplicarlas correctamente para evitar sanciones.

Por eso, también hoy nosotros le preguntamos a Jesús ¿cuál es la norma más importante? Y la respuesta de Jesús es: a la base de toda norma ha de estar la intención de poner en práctica el amor a Dios con todo el corazón y de amor al prójimo como a uno mismo.

La medida: perdoname como yo perdono

Y termina Jesús diciendo: lo mismo hará Dios con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano.  ¿Y que es hacer lo mismo? darnos de nuestra propia medicina. Medirnos con el mismo metro con que medimos a los demás. Y es que nuestra tendencia es a tener dos medidas: una con la que me mido yo y obtengo el perdón y otra medida con la que mido a los demás y soy implacable. Lo que hago yo me parece normal, lo que hacen los demás me parece terrible. Lo que propone Jesús es lo contrario, pensar que a mi me han perdonado lo terrible, luego lo coherente, es que yo vea como pequeño el mal que me hizo la otra persona y la perdone. Si me perdonaron 10 mil talentos, yo te perdono 100 pesos. Si uno se acordara de los graves pecados que le han perdonado, sería más misericordioso con los defectos y faltas de las otras personas: ¿quién soy yo para juzgarte? La única medida posible es la misericordia infinita de Dios.

el incomodo profeta piensa como Dios no como los hombres

Estas situaciones dramáticas que vivimos, nos están enseñando a dejar de pensar en ganar el mundo, que se nos desvaneció de un momento a otro; para pensar como profetas que toman la cruz y siguen a Jesús. Meditar diariamente la palabra de Dios, nos ayuda a mantener valientemente el testimonio de nuestra fe, soportando las incomprensiones de quienes se resisten a que la luz de Jesús los haga salir de la oscuridad en que insisten en permanecer. En el lugar donde estemos hoy, se necesita que seamos luz, profetas de Dios.

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